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 Reclutamiento de María Gómez

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Saggezza

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MensajeTema: Reclutamiento de María Gómez   Lun Jun 14, 2010 1:15 am

Escuchó la campanita de la entrada tintinear y una brisa gélida colarse al cálido interior de la cafetería que mantenía su agradable temperatura gracias a la chimenea que se encontraba encendida. María desvió por un segundo la mirada para ver quién había ingresado aún tomando atención de la señora que estaba haciendo un pedido y cuando volvió a mirar la libretita para terminar de anotar lo que había solicitado, una sonrisilla se escapó de sus labios.

En un segundo le llevo su pedido a la mesa, señora Marta –le dijo sin levantar la vista, pero con aquel timbre de voz amistoso que usaba con todos sus clientes–¡Luis! ¡Apúrate que no me puedo tantos pedidos yo sola! –gritó a uno de los empleados que trabajaba con ella, el cual se encontraba en la parte trasera de la tienda buscando más granos de café para moler.

No te apures que andamos sin prisa –le respondió la mujer cálidamente al tiempo que se retiraba para ir a sentarse a la mesa en donde la esperaba su esposo y su hijo, ambos ya devorando un pedacito de arepa sin poder contenerse hasta que el café llegara a la mesa.

María se giró sobre sus talones con libreta en mano y comenzó a ver los pedidos que había acumulado. Podía tachar los primeros dos, porque algo le había escuchado a Sandra decir sobre ellos mientras atendía a la señora Marta; si no se equivocaba, ya los había preparado y los había llevado. Revisó y notó que eran... varios, más de cinco, por lo que suspiró y rezó porque Luis se apurara con los granos para poder comenzar a prepararlos. Mientras, decidió comenzar a sacar los bocadillos también encargados con las órdenes de café, por lo que se acercó al mueble en donde guardan los platos para esos casos.

El tibio aire del aliento de alguien le llegó al cuello y de la pura sorpresa casi tiró al suelo los platos que estaba sacando.

¿Ocupada?

Como vuelvas a hacer esto te estrello un plato contra la cabeza –su ceño fruncido y el furioso rojo que cubría su rostro no lograron más que hacerlo reír a carcajada limpia, cosa que no hizo más que molestar más a la colombiana. ¿Por qué tenía que jugar así con ella de esa manera? – No seas inútil y ayúdame con los pedidos, ¿sí? –le pasó los platos apenas, aún torpe pues donde él había soplado aún le cosquilleaba como recordándole lo sucedido.

Oh vamos, si es sólo una broma –decía riendo entre dientes él, tomando los platos y siguiéndola hasta la barra de bocadillos. Notando como aún permanecía su torpeza, dejó la loza a un lado y le quitó el cuchillo para él mismo cortar el trozo de pastel de milhojas que alguien había encargado– Te vas a cortar un dedo, María. No querrás servirle a alguien tu índice, ¿no?

Ella no dijo nada y sólo lo fulminó con su mirada. ¡Era su culpa! ¡Siempre lo hacía para ponerla tonta! ¡¿Y ahora la recriminaba?! Suspiró resignada; no tenía solución este chico. Dejando que Mario se encargara de lo que necesitara algo corto punzante, se acercó a Luis y lo ayudó rápidamente con la pesada bolsa de granos que venía cargando desde atrás. Juntos, la llevaron hasta una esquina de detrás del mostrador y con una cuchara grande y especialmente diseñada para ese trabajo, comenzaron a sacar los granos de café para molerlos y prepararlos.

Con este extraño e inusual clima helado –en plena primavera, a un mes de la llegada del verano–, la cafetería se repletaba todos los días y eso implicaba más trabajo. La suerte es que, con la fama que tenía el café que servían, la mayoría ya eran caras conocidas para María por lo que comprendían si la llegada de la preciada bebida tardaba unos minutos más de lo acostumbrado.

Miró la hora y notó que recién eran las cinco menos cuarto de la tarde. Supuso que pronto llegarían más clientes, por lo que con Luis se apresuraron con el café y dejaron a Mario repartiendo los distintos bocadillos. No querían atrasarse con las órdenes cuando la hora alta de clientes llegara.


Última edición por Saggezza el Dom Jul 04, 2010 5:41 pm, editado 1 vez
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Kaito
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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Mar Jun 15, 2010 12:47 pm

Fue un viaje muy largo el que el exorcista de nombre Odell tuvo que realizar para llegar a tierras colombianas. Como era de esperarse de él, se puso nervioso la mayor parte del trayecto pues no era de su total agrado viajar y menos con tantas personas, era inevitable.

Y qué podía esperar, jamás imagino siquiera pisar países tan lejanos, hace unos pocos días no formaba parte de su conocimiento que existieran países más allá de Europa. Durante una buena parte del vieja tuvo que soportar el mal carácter del buscador que lo acompañaba, un hombre de tez oscura y cabello oscuro desarreglado.
- Ya llegamos? - preguntó el moldavo, podía ver algunas casas y edificios pequeños en el lugar en donde estaba pero según el buscador aún quedaba camino por recorrer.

-Por enésima vez, no. Estoy cansado de que hagas la misma pregunta cada diez minutos, tú sólo sígueme y no hagas tantas preguntas.- el hombre aparentaba estar irritable, Odell se molesto un poco por la actitud del sujeto, él no tenia la culpa de que estuviese de malhumor -alguien esta irritable el día de hoy...- musito el exorcista sin deseos de ser escuchado -¿qué dijiste?- dijo el buscador que por lo visto si lo había oído, Odell se puso nervioso e hizo como si esas palabras no hubiesen salido de su boca.

-el clima de aquí es muy diferente al de Moldavia.- comentó para hacer conversación con el buscador y que la caminata no fuese tan tediosa para ambos pero el hombre de traje color crema lo ignoro olímpicamente, al sentirse ignorado Odell volteo su rostro y miro en otra dirección -Ten cuidado. Te aconsejo no alejarte demasiado de mí, podrías perderte.- la voz del buscador lo hizo volver la vista hacia el frente.

Odell no estaba prestando su entera atención al buscador, se limitaba a seguirlo manteniendo la mirada en su espalda para no perderlo. Estaba intranquilo, si había akumas él era el único responsable de eliminarlos y no confiaba plenamente en sus habilidades, dudaba que un novato pudiera hacerse cargo de algunas de esas maquinas a las que tanto temía, no le era fácil olvidar la mala experiencia que tuvo en el pasado.

-a dónde nos dirgim... ¡aah!- no pudo terminar con lo que iba a decir, sin darse cuenta piso algo y se resbaló, cayendo de rodillas y golpeándoselas al caer. -Ay- murmuro adolorido mientras sobaba sus rodillas e intentaba ponerse en pie, -qué voy a hacer contigo.... - dijo el buscador cuando vio a Odell postrado en el suelo.

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Saggezza

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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Vie Jun 18, 2010 10:23 pm

Mientras María repartía el café que Luis ya había hecho el cual estaba por lo demás delicioso como siempre, sin mencionar que el frío era un gran endulzante, otra persona de porte alto y serio, o mejor dicho preocupado, salía de una de las casas ubicadas en la periferia de la ciudad. Su ceño fruncido denotaba que algo por su mente rondaba y no era precisamente bueno.

¿Cómo puede ser posible? Pensé que era algo que afectaba a todo el centro de Colombia, pero… ¿sólo Bogotá? ¿Ni siquiera nuestras ciudades vecinas? Anciana Jimena… ¿está segura de lo que dice? pensaba Elías alzando la vista al cielo e intentando ver algo entre las grisáceas nubes que no auguraban más que nuevas olas polares que posiblemente culminarían en una tormenta.

Sin embargo, sus preocupaciones repentinamente fueron disipadas por un pensamiento. ¿No serían casi las cinco?

¡La cafetería! ¡María está sola atendiendo con Luis y viene la hora alta de clientes! –el súbito recuerdo del creciente caudal de demandantes de café durante estas atípicas heladas lo detuvo en su lugar y rápidamente, recuperando la movilidad del cuerpo perdida por la impresión, se echó a correr a encontrar a Don Carlos, el viejo de la carreta que llevaba a los que vivían en el centro de la ciudad hacia la periferia para ver a familiares, amigos o a la anciana Jimena, conocida vidente del lugar.

Pero en su carrera, algo lo detuvo. Un par de personas vestidas demasiado raro, estando uno de ellos en el suelo, sobándose las rodillas.

Cualquier persona se hubiese acercado a preguntar cómo estaban y ofrecer su ayuda, pero la desconfianza era un gran defecto y muchas veces una increíble virtud de Elías, por lo que sus alarmas inmediatamente se encendieron y olió en el aire el peligro. No debía involucrarse con esas personas, fuesen buenas o malas.

Se acomodó el pañuelo con el que ocultaba parte de sus brillantes cabellos chocolate, uno muy similar al que su hermana usaba como cinta alrededor de la frente, casi como si quisiera volverse invisible de esa manera ante los ojos de los extraños y comenzó a caminar hacia el frente, justo por donde estaban ellos. Sólo había un camino para donde estaba Don Carlos y no podría evitar compartir por unos segundos el mismo aire con quienes desconfiaba, pero él podría evitarlos. Lo sabía.

Mientras tanto, María seguía atendiendo tranquilamente en la cafetería, notando como cada vez, los clientes eran más y más.

Hermano… Elías, ¿dónde estás? se preguntaba mentalmente mientras preparaba un café grande para un señor que venía frecuentemente, viendo como Luis llevaba dos bandejas de mimbre, una en cada mano, y Mario se entretenía jugando con un niño pelirrojo de tez morena –bastante lindo a su parecer– lanzando pedacitos de uva (¿De dónde sacó uvas?) al aire para atraparlas en su boca mientras el niño lo intentaba imitar con resultados frustrantes.


Última edición por Saggezza el Dom Jul 04, 2010 5:42 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Miér Jun 23, 2010 3:11 pm

[Off: disculpa la demora, no había podido postear T-T]

A duras penas se levanto del suelo, no fue algo de gravedad pero él no estaba muy acostumbrado a sentir dolor -me duele mucho- musitó adolorido entre quejidos. El buscador le tendió la mano y le ayudo a levantarse -arriba. ¿Te encuentras bien?- pregunto el hombre del traje color crema, no estaba preocupado pero si había akumas en ese lugar Odell tenia que estar inmaculado para no presentar problemas en batalla, una rodilla lesionada podría impedirle correr si la situación lo ameritaba. -Sí, sí, estoy perfectamente bien.- dijo mientras soltaba la mano del buscador -relájate, no te pongas así. Sólo quería cerciorarme- el chico miro con desprecio al buscador -para tu información no me rompo tan fácilmente. Deja de mirarme como si fuera un pobre niño indefenso- exclamo mirándolo a la cara, no le importaba en lo más mínimo que alguien escuchara su alboroto. -baja la voz. Quizás a ti no te de vergüenza pero a mi sí, no me gusta tener que cuidar a un niño gritón. Será mejor que controles tus repentinos cambios de humor de ahora en adelante.-

-ca... camb...cambios de humor?, ¿a qué te refieres con eso?- musitó encogiéndose de hombros. Ahora se sentía pésimo. Causarle problemas a Fernando (nombre del buscador) era algo que no se podía perdonar y el ni siquiera noto que ya estaba causándole molestias al pobre hombre con su actitud. Paso los dedos entre sus cabellos para quitarse el fleco de la cara, colocando el mechón más largo detrás de su oreja mientras desviaba la mirada hacia abajo -L-lo siento. Fue una estupidez, no debí enojarme sólo porque me pregunto si yo estaba bien... es que, detesto que las personas muestren preocupación por mí... me hacen sentir como a un niño pequeño- el hombre no hizo mas que quedarse mirándolo extrañado.

Una risilla fue emitida por el buscador -eres un niño bastante rarito- masculló y al mismo tiempo sujeto su mano -vi una cafetería en el camino. Ven, quizás beber algo de café te espabile y te aclare las ideas- el hombre comenzó a caminar arrastrando a Odell de la mano, el chico no pudo hacer nada para pararlo. Algo hizo que Odell girara la cabeza; un hombre que paso cerca de ellos. Lo sintió y por eso volteo, pensando que se dirigía hacia él pero estaba en un error. El cielo gris lo ponía nervioso, pero se vería muy infantil si le decía a Fernando que tenia miedo de las nubes.

Después de volver a caminar sobre sus propios pasos entraron en una cafetería que no estaba muy lejos del lugar donde Odell se había caído. El buscador fue el primero en entrar, llevaba a Odell tomado del brazo como a un niño. -No me gusta mucho el café- masculló, aún haciendo intentos por resbalarse de las manos de Fernando -Tonterías. Te gustara, créeme.- Los dos buscaron un lugar donde sentarse. Odell se puso a retorcer un trozo de papel que encontró en el interior de su bolsillo, algo no le daba buena espina.

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Saggezza

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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Miér Jun 23, 2010 11:47 pm

[Off: Tranquilo. No pasa nada :] ]

Entró a la cafetería con paso presuroso, sintiendo repentinamente un calorcillo en su espalda y un cuerpo recargándose en el de él. No tenía que ser un genio para saber quién era.

¿Todo bien? –la voz de María estaba siendo amortiguada por su propio rostro estampado contra la espalda de su hermano, quien no se hizo de rogar y en un rápido movimiento se volteó, rodeó con sus brazos a su pequeña hermana y la alzó del suelo para darle unas cuantas vueltas en el aire, a lo que ella respondió con una musical risilla infantil.

Nada de qué preocuparse, tontita –respondió con carisma y logrando esconder un brillo de mentira en sus ojos. Dentro del margen de protección fraternal, como todo hermano mayor, Elías era un tanto más extremista que lo que cualquiera sería. No quería preocupar a su pequeña Mari.

Los ya conocidos clientes sólo dedicaron medio segundo a ver la escena de los hermanos, pero sus sonrisas cálidas permanecieron varios minutos más en sus rostros. ¿Cómo no querer a los Gómez si eran tan buena gente? Pero lo que más les impresionaba y que les encantaba ver siempre que podían, era el parecido que ambos poseían entre sí; eran como copias exactas, pero una en femenino y otra en masculino. Mismo cabello castaño ondulado, misma tez morena, mismos ojos oscuros, grandes y expresivos… en fin, eran dos gotas de agua.

Tras la cálida bienvenida por parte de María, ambos se dirigieron hacia detrás del mostrador donde estaban Luis y Mario, quienes sostenían una pequeña discusión sobre la mejor manera de moler los granos –la manera de hacerlo afectaba el sabor–. Mientras María interfería entre ellos, argumentando que Luis estaba en lo correcto pues ella misma le había enseñado cómo hacerlo y no estaba mal, pues desde muy pequeña se había familiarizado con tan popular brebaje, Elías se ponía el delantal blanco que le correspondía y giraba sobre sus talones para contemplar a los nuevos clientes –la campanita había sonado recién–, pero cuál fue su sorpresa al encontrarse con aquellas extrañas personas que había visto de camino.

¿Por qué nuevamente ellos? Debe de ser una broma él no era precisamente quién creyera en las coincidencias, por lo que se volteó con gesto serio y se acercó al trío que continuaba en aquella conversación sobre la manera de moler los granos de café.

¿Pasa algo Elías? –María vislumbró un pequeño movimiento de ceja, muy propio de su hermano, que le reveló que algo le inquietaba.

Mario, ¿podrías hacerme el favor de ayudarnos con los clientes? Tú sabes que con este clima anormal la cafetería se llena más de lo normal y un poco de tu ayuda nos vendría bien –Elías sonaba amable, pero un dejo en su voz denotaba aquella inquietud que María leía fácilmente.

¡Claro! Además, así paso más tiempo con tu hermana. ¿No te gusta la idea, María? ♥ –preguntó pícaramente, abrazando a la joven por la espalda, pero siendo rápidamente separado de ella gracias a que el mayor de ellos, presentando claros celos fraternales que eran menos intensos de lo normal pues de Mario se trataba, lo había tomado por el cuello de la camisa y lo dejó bastante lejos y con un delantal en sus manos.

No abuses de mi confianza Mario –una vena de molestia le saltaba en la frente, a lo que Mario rió– Tu trabajo será tomar las órdenes. Las traerás acá y María y Luis las prepararán mientras yo arreglo las cuentas del día.

Dicho y hecho, mientras Luis le pasaba lo que a economía diaria de la cafetería refería para que Elías resolviera todo como de costumbre, Mario se alejó del mostrador derrochando buen ánimo y galantería por donde pasara, sonriendo a las chicas y saludando a todos los demás; aquella tez morena que combinaba perfectamente con su inusual cabello rojo fuego y sus ojos marrones se ganaba el corazón de las colombianas.

Finalmente llegó a sus clientes: un chico con aspecto nervioso y de tez sumamente pálida –no había punto de comparación con la natural piel morena de los tan cerca de Centroamérica– y un hombre vestido con un raro y feo traje color crema. Sacando del bolsillo del delantal un lápiz y una libretita, Mario sonrió y les habló:

¿Y qué querrán los caballeros servirse? El café del día es con crema y nuestra receta casera de saborizante de frambuesa~ ♥


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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Vie Jun 25, 2010 11:51 pm

Odell miro a su alrededor por una fracción de segundo, las personas parecían ser amistosas pero eso no hacia que el joven se sintiera a gusto. Fernando estaba diciendo algo pero no lo escucho, estaba muy ocupado inspeccionando la cafetería en busca de algún peligro, la paranoia ciertamente no era propia de alguien como él pero desde que llego a Colombia tenía un mal presentimiento.

El buscador mascullo entre dientes, un mensaje que Odell no entendió pues estaba distraído. Fernando dijo que le pareció ver a alguien sospechoso afuera del establecimiento y quería investigar. Eso puso a Odell un poco nervioso -¿Akumas?- fue lo primero que pensó el moldavo. Si eso era lo que Fernando había avistado.

Un hombre se acerco a la mesa con una pequeña libreta y un lápiz, les pregunto que es lo que les apetecía ordenar. Odell se froto la barbilla mientras hacia una cara pensativa, la primera vez que probo el café se quemo la lengua y el saber le pareció de lo más amargo.

-Enseguida regreso. Espera aquí Odell- musitó posicionando su mano izquierda sobre el hombro de Odell, sólo para alejarse de él rápidamente y dirigirse hacia la puerta por la cual accedieron -es-espera!... no me dejes aquí!- Odell no puedo contener su grito, pero Fernando ni dio señal de haberlo escuchado.

Las personas no pudieron obviar observarlo, una sensación fría recorrió su cuerpo de arriba a abajo mientras se mordía la lengua y casi caía de panza sobre la mesa -quiero morir...-. Derribo algunas cosas pero no demoro en poner todo en su lugar -Lo lamento muchísimo!- era lo que iba a decir pero se lo guardo, no quería ser más escandaloso.

Se acomodo en la silla aparentemente más relejado -Me gustaría... mmm...... No lo sé... todo suena delicioso... creo que quiero el café del día, ¡por favor!- expreso alegremente. Tenia que disimular que no se sentía cómodo en ese lugar. Seria paciente y esperaría por el buscador. Aún no entendía muy bien porque estaba tan acelerado ese día.

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Saggezza

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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Sáb Jun 26, 2010 4:38 pm

Al momento en que el hombre de beige abrió la puerta, una ventisca fría entró a la cafetería, pero rápidamente fue disipada por el agradable calor de la chimenea, por lo que no a muchos les importó. Sin embargo, María no estaba precisamente acostumbrada a los climas fríos como el que vivían, por lo que al momento en que la brisa chocó contra su cuerpo, un escalofrío recorrió toda su médula espinal.

Infundiéndose calor en los brazos, frotándoselos con sus manos, la joven observó donde estaba Mario y al contemplar al ahora solitario joven de tez clara, no pudo evitar pensar que era bastante torpe; tiernamente torpe se atrevería a decir, por las lindas facciones de su rostro que hacían incluso dudar que era un chico. Vio al pelirrojo tomar una orden, decirle algo con un simpático gesto y volver hasta el mesón principal trayendo la orden del joven castaño.

Un café del día para nuestro amigo ♥ –dijo dejando el papelito sobre el mesón y yéndose rápidamente hacia la mesa de un señor adulto de cabello canoso que tenía toda la pinta de escritor, quien le estaba haciendo una seña.

María miró la hora en un viejo reloj de pared que estaba apoyado cerca de la chimenea y notó que ya era hora del descanso de Luis– Venga Luis, que ya es tu descanso. Elías y yo nos ocuparemos de todo hasta que termine tu tiempo –le dijo con una sonrisa amable, que impidió que Luis reclamara que necesitaban ayuda. Adivinando aquel amago de parte de él, María rió por lo bajo y volvió a dirigirle la palabra– Anda, si quieres te llevo un café. Invita la casa.

Derrotado, Luis aceptó su oferta y, quitándose el delantal, se fue a sentar junto a un trío de jóvenes que, al parecer, lo conocían ya que le hacían señas un tanto exageradas para que fuera a sentarse con ellos.

¿Un café del día? María amaba prepararlos y también preparárselos, puesto que la diferencia entre un café ciento por ciento de grano sin ningún aderezo, los que hicieron famosa a su cafetería, con el café con crema y aderezo de frambuesa, es que aquella receta casera enseñada por su padre –claro, el genio del café lo había inventado– le otorgaba un dulce sabor al brebaje. Era bastante popular entre los jóvenes e incluso con los niños que preferían algo dulce por sobre algo amargo como el café puro.

Primero terminó el pedido del grupo con el que estaba sentado ahora Luis, incluyendo el café para él por supuesto, para luego hacer con una maestría digna de admirar dos pedidos que faltaban: el café del día del joven solitario y torpe, y el del señor escritor que había traído Mario. La técnica que usaba bastante profesional y casi parecía que podría repetirla con los ojos cerrados. No tardó más de tres minutos en cada uno y con un llamado a Mario, que estaba retirando los trastos sucios de la mesa en donde anteriormente estaba la señora Marta con su familia, le dejó en dos bandejas distintas los dos pedidos. El chico era todo un malabarista, así que no tendría problemas para llevar las dos al mismo tiempo.

Hoy ha sido un día bastante provechoso en lo que llevaban antes que yo llegara –murmuró Elías dejando de lado el papel en el cual estaba sacando cálculos y aprovechaba de trazar una estrategia financiera que les permitiera, quizás, ampliar el negocio allí en Bogotá. Eso tendría que hablarlo con sus padres cuando volvieran de su viaje– ¿Cuándo me dejarás enseñarte a hacer cálculos? –le preguntó.

Sé contar, con eso me basta. Además, tú sabes que soy lenta para aprender esas cosas –no tenía real interés en aprender matemáticas, pues Elías se encargaba de esos asuntos, por lo que le restaba importancia al tema– Voy a sacar la basura y vuelvo.

¡Abrígate!

Simplemente tomó una bufanda que encontró por ahí tirada en el piso, se la colocó alrededor del cuello y, tomando el bote de basura algo rebalsado, se dirigió hacia la salida para ir hacia la esquina y dejar el bote allí.


Última edición por Saggezza el Dom Jul 04, 2010 5:40 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Dom Jun 27, 2010 12:42 pm

Este seria uno de los días más molestos para el Noah de cabello color miel, sabia que debía haber dejado la puerta de su habitación al interior del arca cerrada. Las órdenes del queridísimo Conde habían sido demasiado claras, ir a Colombia, ¿Ir a Colombia? ¿Por qué el?. Tal parecía ser de los pocos que no estaban ocupados, aunque hizo un berrinche digno un niño de 5 años, nada pudo evitar que fuera a tal misión, a regañadientes salio de su cuarto casi arrastrando los pies mientras escuchaba como lero se burlaba -Maldito Lero, ya me las pagara…- Susurró abriendo las puertas del arca no sin antes tomar un pequeño oso de felpa que siempre llevaba cuando salía, y finalmente partiendo a su destino, específicamente Bogota, Colombia, según el Conde.

Nada mas llegar a tierras Colombianas, sintió un frío terrible, en ese instante recordó las burlas de Lero, seguramente el Conde lo había hecho apropósito, sus cuerpo tiritaba mientras estaba encima del techo de una casa o por lo menos eso parecia a pesar de que era bastante alta.

-Tener que haber venido aquí… tener que estar muriéndome de frío…tener que haberme levantado de mi cama…Además me manda aquí sabiendo que no me gusta este tipo de cosas-
Murmuró para si mismo mientras que miraba la ciudad, no parecía haber muchas cosas interesantes mas que el frío propio.

-Y yo que pensé que esta seria una ciudad calida, ¿Esto es bogota, no?-
Se pregunto para si mismo, y no tardo luego en ver que caminaba un hombre por la calle, era un akuma para la suerte de Aleksei, dio un pequeño silbido aprovechando que además no había nadie mas a los alrededores por ahora, y el akuma de un salto se dirigió al techo en que estaba el Noah.

-¿Me llamaba?- Dijo el akuma conservando su forma humana, el Noah solo lo miro con algo de desprecio, pensó que podría ser un nivel dos pero solo era un simple e insignificante nivel uno.

-¿Esto es Bogota, no?- Clavo sus ojos en el akuma, para luego aparecer una pequeña sonrisa en su rostro.

-Si, así es- respondió el akuma ante la pregunta, entonces la sonrisa del Noah se amplio mucho mas, si no sabia que hacer en esa ciudad, era fácil resolverlo aquello, destruir toda la ciudad.

-Entonces…- Antes de terminar de hablar, vio a alguien salir de lo que parecía ser… ¿Una cafetería? Y lo que mas le sorprendió, quien salía de allí tenia el feo traje de los buscadores de la orden. -Ja, el Conde estará complacido si mato a esa insignificante basura y si tengo suerte, quizás haya un exorcista- Rió un poco, aunque sabia que el no haría nada, solo era darle ordenes a los akumas y el solo debía observar mientras descansaba. -Y esa cafetería… odio el café, ese será el primer lugar que atacare, ¿escuchaste basura?- Dijo dirigiéndose al akuma mientras señalaba primer al buscador. El akuma asintio con la cabeza y de un salto, bajo de donde estaban y se dirigió a paso lento y con una sonrisa macabra en su forma humana, hacia el buscador mientras el Noah solo observaba, llevándose un chocolate que había traído en sus bolsillos, a la boca.
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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Vie Jul 02, 2010 4:54 pm

Spoiler:
 

Odell parpadeo del asombro cuando sintió una brisa helada golpear su rostro, no pudo evitar temblar aún con el abrigo puesto podía sentir como los ligeros soplos de aire traspasaban las fibras textiles. El joven miro a las otras mesas mientras esperaba el café, eso era todo lo que él podía hacer hasta que el irresponsable del buscador se dignara aparecer. Él ya sabia exactamente que haría al verlo cruzar esa puerta; le arrojaría lo primero que tuviera a la mano. Estaba algo enfadado porque Fernando se fue así, sin decirle nada. Bueno, era verdad que le murmuro algo pero pudo haberlo dicho en voz alta en lugar de estar susurrándole al oído.

La chimenea hacia que el interior de la cafetería se viera calido y acogedor, prefería estar ahí que caminar por las calles que seguro estarian vacias por como estaba el tiempo. Quizás tendría que buscar un lugar donde hospedarse pues el clima dificultaría la misión que se le fue asignada. Se quedo contemplando sus manos absorto, en ellas estaba un pequeño trozo de papel arrugado con algo escrito pero ilegible, el agua hizo que la tinta se corriera y ahora era totalmente inútil tratar de leer -tengo la peor suerte del mundo... y otra vez estoy hablando solo, que novedad...- musitó mientras sacaba un trozo de espejo de uno de sus bolsillos, siempre cargaba un pedazo de espejo, era un habito que heredo de su madre quien nunca salia sin uno de esos. Miro su reflejo en el pequeño fragmento de cristal roto, no por vanidad, lo contrario a eso, desde lo que le ocurrió antes de convertirse en un exorcista e integrase a la orden oscura intentaba verse descuidado para no llamar la atención de nadie.

Sin querer vio a unos jóvenes al fondo por el reflejo del espejo, había un chico y una chica que eran bastante parecidos -¿serán familia?- se preguntó. Se sentía como un bicho raro en un lugar como ese, era obvio que él no era de ese lugar por el color de su tez, tan clara que resaltaba entre las personas a su alrededor. Cerro los ojos y intento dejar de espiar a la gente, esperaba que nadie lo hubiera visto mirando con tanto interés su espejo, talvez pensarían que estaba loco porque sus labios se movían mientras observaba su persona.

Por un momento, su paranoia se desvaneció por completo, se le olvido hasta que era lo que le preocupaba. Pero no soltó el pensamiento de molestar al buscador apenas pusiera un pie en esa cafetería. Quien no conociera bien al moldavo diría que no es normal, por sus cambios tan raros, un momento es amable y al siguiente quiere cortarte la cabeza por cualquier cosa por más nimia que sea. -Espero que ese café sea excelente, es la única forma en la que perdonaría a ese cretino por abandonarme así- él estaba tan perdido en su soliloquio que no hubiese percibido a nadie que tratara de comunicarse con él.

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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Vie Jul 02, 2010 11:40 pm

Mario se acercó al señor escritor y dejó la bandeja en su mesa para, con ahora una mano libre, dejar el café con una galletita de regalo sobre la mesa. Rápidamente junto la bandeja vacía con la que llevaba el pedido para el joven pálido y fue hasta su mesa sonriente para dejarle el humeante café que emanaba el dulce aroma de la frambuesa con su respectiva galletita de regalo.

¡Un café con crema y saborizante natural de frambuesa! ♥–canturreó al tiempo que dejaba el pedido sobre la mesa, satisfecho por el buen trabajo de María; sólo ella y probablemente su padre sabían transformar el amargo brebaje en una perfecta bebida en donde armonizaba el amargor del grano con la dulzura de la, como alguna vez escuchó, berryEstoy tan seguro que le gustara este café preparado por mi querida María, que si no le gusta le doy una arepa gratis –¿estaría bien hacer esa apuesta sin consentimiento de los dueños?

Y hablando del rey de Roma –en este caso, reina– la figura de la colombiana frente a la puerta intentando abrirla con un pie al tener las manos ocupadas fue captada por el radar de chicas de Mario, quien en un suspiro estaba abriéndole la puerta caballerosamente. El resultado fue plenamente satisfactorio para él, pues el tierno sonroso en el rostro moreno de María ante la acción era algo que disfrutaba; fuera por broma o por un simple gesto.

¡¿Por qué los hombres hacen eso?! ¡Lo… lo…! Hubiera pensado dicho “detesto”, pero ella no era para nada buena mentirosa y realmente había veces que las acciones caballerosas que ella creía que le nacían espontáneamente a los hombres le agradaban. Se sentía apreciada. En cambio, en vez de continuar aquel mentiroso pensamiento, simplemente continuó caminando con un rostro entre cómico y tierno; su ceño fruncido en conjunto con el adorable sonrojo que adornaba su faz eran algo hilarante.

La esquina no estaba muy lejos del café, por lo que no tuvo que caminar más que tres o cuatro minutos –el viento estaba comenzando a soplar más fuerte– para ir y volver con las manos vacías. Sin embargo, cuando ya no tenía el bote con ella y, por lo mismo, podía estar más atenta a su alrededor, su vista se topó con la figura del hombre vestido de color crema que había visto al interior de la cafetería. ¿Qué hacía fuera? ¿No que estaba acompañando al joven pálido y torpe?

¡Señor! –llamó a gritos para hacerse oír sobre el viento, acercándose a él a grandes pasos hasta quedar frente a Fernando– ¿Qué hace acá afuera? ¿No estaba usted con un joven en la cafetería? Creo que él debe de estar esperándolo –sonaba sinceramente interesada en el hecho, pero sus facciones rápidamente se suavizaron con una amistosa sonrisa al tiempo que lo tomaba con delicadeza por un brazo y comenzaba a guiarlo nuevamente hacia el local como si fuera lo más normal del mundo hacer eso con los extraños– Venga que hace mucho frío aquí. Le invito un café. Cortesía colombiana~

Por otra parte, al interior de la cafetería Elías ordenaba un poco el espacio de trabajo –ni Luis ni María se caracterizaban por emplear un estricto orden como él– cuando vio al escritor canoso y mayor observando a los jóvenes con inusual interés. Podía ver un brillo joven en sus viejos ojos refulgiendo como bengalas.

Se acercó a él con paso sigiloso, sentándose en la misma mesa y comenzando a hablarle viendo de igual modo a los jóvenes.

¿Alegres, no? Son la mayoría así; los crían así. Usted no es de por aquí, ¿me equivoco? –el hombre lo vio casi sorprendido antes de reír afablemente, cual anciano ante las cómicas palabras de su nieto.

¿Un chico astuto? Pues dices sólo verdad, pero me parece extraño ese chico de allí –apuntó discretamente a Odell antes de retomar el habla– Se nota que no es de por estos lares, ni siquiera de Latinoamérica. Pero… me parece curioso el aura que emana.

¿Su aura?

Exactamente. Está inquieta, incómoda y alerta. Como si esperara a que alguien lo atacara repentinamente. –murmuró casi para sí– Mantenle el ojo puesto, hijo. Te puedo asegurar que algo tiene –y terminó lo poco que le quedaba de su café, dejando el dinero que debía sobre la mesa junto con una generosa propina y se marchó dándole unas amistosas palmadas en el hombro a Elías.

Él lo siguió con la mirada mientras abandonaba la tienda y al mismo tiempo, en su campo visual se reunieron cuatro personas: el escritor, el joven extranjero, el que más le producía desconfianza y su hermana, los últimos dos entrando a la tienda cuando el hombre mayor se retiraba.

[Off: Pobres los inocentes que no presienten el peligro que los acecha]
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Kaito
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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Sáb Jul 17, 2010 6:03 pm

El muchacho sintió la presencia de alguien a sus espaldas y no pudo evitar girarse para ver quién era el que entro en su espacio; se trataba de un joven que iba llegando con el café que ordeno. -Hasta el fondo!- musito mientras sujetaba la taza y comenzaba a beber el delicioso contenido, el aroma no demoro en apoderarse de su olfato y el sabor especial de la bebida se impregno en su lengua. El moldavo no esperaba que le fuera a gustar, sólo esperaba que el café no le afectara dentro de un rato, se conocía bastante bien y sabia que un poco de café podía ponerlo hiperactivo, haciéndolo desvariar más de lo normal. Limpio el café de sus dientes con movimientos rápidos de lengua, disfrutando de las pequeñas gotitas que se metieron en esos rincones. Quizás su cuerpo estaba en ese lugar pero su mente se había ido, su cerebro tenia la mala costumbre de divagara cuando el joven se quedaba quieto. Odell comenzó a cantar con un tono de voz moderado, un tarareo suave que esperaba nadie escuchara, lo ultimo que deseaba era seguir alterando la condición normal del ambiente con su ruido, que se pusiera a dramatizar y pensar en voz alta ya debía ser muy molesto para los empleados y podría espantar a los clientes regulares.

quiero volar...volare su cara se había tornado ligeramente roja y su aliento olía a café, si Fernando estuviera ahí seguro se habría ido por la fetidez que despedia la boca de Odell, él mismo se estaba mareando. Pasaba su dedo índice por el contorno del vaso que aún tenia algo de café -dios mío... si mi cuerpo no puede tolerar medio vaso de café no quiero imaginar que locuras haría si me embriagara, probablemente un espectáculo de mi mismo- sentía una extraña alegría, el dulcificante en el café tenia algo que ver en eso. Los dulces le provocaban un estado de felicidad que nadie en la orden oscura le conocía. Agito un poco la taza, viendo como el líquido se arremolinaba en el interior del contenedor. Sin más dio un ultimo sorbo me gustaría quedarme y beber más café pero el deber me llama. Busco dinero en su abrigo, quería pagar lo que consumió para poder continuar con la misión encomendada. Todavía atontado por el café, Odell pudo escuchar las murmuraciones del hombre que estaba sentado en otra parte del local. - ¿se refiere a mí?- dejo esa pregunta en el aire mientras tomaba la última gota. Sí, disfruto hasta la última gota y estaba contento de haber entrado a ese sitio.

Observo como el mismo hombre que llamo su atención dejaba una buena propina en la mesa y golpeaba el hombro del joven que contemplaba con su espejo. Mientras uno se retiraba, dos personas entraron haciendo sonar la campanita; el buscador y la joven del mostrador. Odell cerró sus ojos esperando a que el buscador se sentara y le pidiera disculpas por haberse ido de esa forma tan grosera y darle la espalda. Fernando se sentó en la mesa que Odell estaba ocupando, titiritaba de frío por estar afuera acompañado por el terrible clima. El hombre acepto el generoso gesto de María, mientras tanto Odell seguía con los ojos cerrados -¿qué?, ¿tienes sueño o algo?- pregunto el buscador, no se daba cuenta de que el joven estaba molesto con él por haberse marchado solo. -Nada... ¡pero por tu culpa quiero beber más de ese café!- dijo con una voz seria para después romper en risas. -estas loco, ¿nadie te lo dijo antes? Y deja de reírte así, das algo de miedo- Odell se le quedo mirando a Fernando con indiferencia -¿Miedo? ¿Yo?... jooo, eso es una vil mentira.- el joven se levanto de la silla con un movimiento rápido y miro a los presentes - Amigos, escúchenme un segundo, tengo que hacerles una pregunta poco usual. ¿les parezco aterrador?, ¿esa es la impresión que doy? respondan, por favor.- el buscador se encogió de hombros mientras que una gotitas recorría su cabeza por qué tenían que enviar a este amanerado anormal? pensó mientras bajaba la mirada. Por otro lado, el joven no parecía ni remotamente avergonzado. -Oye, dijiste que no querías causarme molestias, no? pues me estas avergonzando y eso no es muy amable de tu parte- precisamente por eso lo estaba haciendo, Odell ya tenia un par de días conviviendo con Fernando y sabia como castigarlo, aunque a él no le gustaba causar alborotos eso era cosa de un segundo, en cuanto las personas le contestaran se iría. Además, ¿cómo odiar a Odell? tal vez si era un chico torpe pero eso no le quitaba el carisma del que vivió durante años en Moldavia.

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Saggezza

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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Lun Jul 19, 2010 6:00 pm

¡Haré su orden en un segundo! No tardo ♥ –dijo como si destilara alegría por cada poro de su rostro. Al tiempo que giraba sobre sus talones para encaminarse hacia su puesto de trabajo, no pudo evitar ver de soslayo el rostro ligeramente sonrojado del chico pálido. ¿Estaría bien?

Descartando cualquier pensamiento negativo y convenciéndose a sí misma que sólo era una reacción normal de una piel tan delicada y blanca ante las frías corrientes de aire que se colaban al interior del local cada vez que se abría la puerta, María se encaminó a hacer un café del día para aquel señor tan… pintorescamente vestido.

Estaba batiendo la crema cuando una voz que era audible en toda la tienda llamó su atención. Como estaba a medio de la preparación de un delicioso café, no alzó la mirada, sino simplemente dividió su atención para hacer ambas cosas al mismo tiempo. La curiosidad a veces podía más con ella que su lógica racional.

Yo creo qu- –no pudo terminar de hablar, debido a que una mano se posó sobre su boca y, volteando la mirada, notó que era su hermano quien le impedía hablar.

No te involucres con esas personas, María –dijo con aquella voz de “yo soy tu hermano mayor, obedéceme”. Iba a replicar, pero un “por favor” en voz queda le impidió hacerlo. Debía tener sus razones.

No obstante, las demás personas en la cafetería parecían divertidas con aquel joven y decidieron seguirle el juego. Varias respuestas se escucharon al mismo tiempo, dando diferentes opiniones sobre aquel peculiar chico vestido de negro.

¡Yo creo que eres muy lindo! ♥

¡Tú eres un loco, amigo! ¡Eres genial!

¡Esa ropa es feísima!

¡¿Quieres salir conmigo!?

¡¿Qué te importa?!

Y mientras algunos reían y se acercaban a Odell para echarle conversación a tan carismático y extraño chico –entiéndase el grupo en el cual estaba Luis, con él incluido– María terminaba de preparar el café prometido al buscador y, una vez terminado, como vio que Mario se había colado a la conversación con el chico pálido y los demás jóvenes colombianos, y que Elías había ido a la trastienda sin saber por qué, tomó una bandeja redonda y pequeña y se dirigió hacia la mesa que compartía Odell con Fernando, ahora abarrotada de gente.

Por un segundo no quiso interrumpir tan amena conversación que fluía en aquella mesa –los que más hablaban eran aparentemente los lugareños– pero finalmente decidió acercarse discretamente hacia Fernando, dejando con cuidado el café que había preparado en conjunto con la galletita de regalo que siempre daban.

Espero que le guste el café que le preparé. Cualquier cosa que quiera, estaré en el mostrador, ¿sí? –le dijo casi al oído para no interrumpir a los demás, sonriéndole cálidamente.

Sin embargo, el gesto fue visto por el “reclama atención” de Mario, a quien no le gustó la cercanía que demostró la chica con aquel hombre tan mal vestido. Si sabía que María siempre era así de cercana como cualquiera, ¿por qué se molestaba tanto?

Oye oye oye oye –dijo llamando la atención de los demás colombianos de la mesa, levantándose con una expresión ceñuda y acercándose a paso decidido a la chica– Tú, viejo feo, no te acerques a mi María, ¿de acuerdo? –dijo tomando a la chica como si fuera una novia y acercándola a su cuerpo celosamente.

¡T-T-Tú! ¡¿Q-Qué ha-haces?! –preguntó exaltada y roja hasta la planta de los pies sin creer el ridículo que estaba haciendo el pelirrojo.

Ay Mario, ni que te la fueran a robar –dijo risueñamente una de las chicas que rodeaban a Odell– Aunque si te pones en ese ánimo, yo reclamo a este como mío –murmuró abrazando a Odell como si lo conociera de toda la vida. Como le gustaba jugar con los chicos.

Sin embargo, el ambiente de risas y alegría repentinamente fue callado por el azote del viento contra las ventanas. En sí, el clima parecía tormentoso y casi nevoso, pero sorpresivamente el viento se volvió más bravo y el ruido de algo chocando contra los cristales llamó la atención de todos al interior de la cafetería; granizo comenzó a caer y, llevado por el viento, amenazaba a cualquiera que estuviera fuera así como la temperatura descendió aún más, impidiendo que el frío que había fuera calmado por el fuego de la chimenea.

Eso definitivamente no era normal.

¿Q-Qué… es-está p-pa-pasan-n-ndo? –no se sabía si el tartamudeo se debía al nerviosismo que invadía su cuerpo por las acciones del pelirrojo impertinente o por el frío que comenzaba a hacer al interior de la cafetería.

¡Atención! ¡Atención! –la voz de Elías, bastante más fuerte de lo normal para hacerse oír, resonó en la tienda, llamando la atención de todos los cliente. Estaba junto a la chimenea, colocando más leña y papel periódico para avivar las llamas– Nadie salga de la cafetería. La tormenta no debería de durar mucho. No es usual este clima –dijo en voz queda la última frase, retomando la potencia de su voz al retomar la palabra– La cafetería invita una siguiente ronda para calentar los cuerpos. Sean pacientes.

Parecía bastante calmado, pero aquella fachada no podía durar demasiado. Al asomarse por la ventana para palpar los vidrios que amenazaban con explotar por la fuerza del viento, notó algo más extraño que el clima. Juró ver un ligero brillo verdoso en los granizos que se estrellaban contra la ventana.
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Kaito
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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   Vie Jul 23, 2010 6:42 pm

En poco tiempo Odell escucho una respuesta a su extraña pregunta, una sonrisa apareció en los labios rosados del joven moldavo. Las contestaciones que le dieron le parecieron graciosas, lo que no le ayudaba a mantenerse ni un poco serio, pues otra vez comenzó a reír bastante divertido -lo sé... esta ropa es feísima, pero me obligan a usar este uniforme. En mi opinión personal, el negro no me luce- dijo con total confianza, por alguna razón ese ambiente se le hacia cómodo. - No quiero interrumpirte, pero no viniste aquí a hacer amigos. Tengo que decirte algo importante- musito el buscador, que se veía mucho más fastidiado de lo normal.

Como era de esperarse, Odell tampoco le hizo mucho caso, para variar... se despabilo internamente y se dio cuenta de que los jóvenes se acercaban a él. Podía sacar algo de provecho de aquella situación, ellos eran de ese lugar y podrían responderle algunas interrogativas que tenia respecto al rarísimo clima que azotaba en Bogota.

La joven que había escoltado a Fernando de vuelta a la cafetería regreso, con un café que entrego en la mesa donde estaban ambos personajes. Cuando la joven se acerco a dejar el pedido, el muchacho pelirrojo la sujeto, reclamándola como si fuera de su propiedad. El celoso pelirrojo parecía estarse dirigiendo a Fernando, a lo que el hombre del traje color crema respondió - despreocúpate, ya estoy demasiado viejo como para ir detrás de una niña- el buscador levanto la taza con el café que María había sido tan amable de preparar para él y bebió, importándole poco lo que fuera a decir el pelirrojo. A Odell no le agrado la conducta de aquel muchacho, pues en ningún momento Fernando se le insinúo a aquella jovencita que parecía tan importante para él, pese a que ella no se veía muy feliz; por lo roja que se puso no tenia que ser un genio para entender que estaba incomoda.

Mientras tanto, otra de las chicas que se encontraba ahí presentes reclamo a Odell como suyo. El exorcista no podía sentir su brazo, ella era más fuerte de lo que aparentaba ser. -Me disculpo por los malos modales de mi compañero, pero...- dijo, aún con la chica sujetada de su brazo, en otro tipo de casos se la habría quitado de encima pero no quería ahuyentar a la joven con un gesto brusco. Además de que él no era de ese lugar, desconocía que clase de cosas consideraban ofensivas las colombianas.

-excúsame un momento- con un movimiento relajado, se escapo de la joven que lo tenia agarrado, no quería dejar su silla pero era preciso para poder hacer lo que tenia pensado. Se acerco hacia los dos jóvenes que permanecían juntos, pese a que uno de ellos no parecía estar completamente de acuerdo. El castaño se preparo para decirle algunas verdades a ese tipo que estropeo el ambiente con sus celos injustificados, saltando en defensa de Fernando. -disculpen mi intromisión pero, la joven no se ve muy feliz en tus brazos, amigo. ¿Eres su novio? ¿Están comprometidos acaso? Sí no es así me parece que tú no tienes ningún derecho para decir que es lo que ella debe y no debe hacer.- dijo con toda la confianza del mundo, como si supiera con quien estaba hablando. Quizás alguien le respondería de mala manera, pero no le importaba, no toleraba que alguien estuviera levantando falsos contra el buscador. Miro a la chica, mostrando una amigable sonrisa -No le hagas caso a mi compañero, no fue su intencion llamarte niña. Me disculpo si te ofendio de alguna manera.-

El exorcista se estaba preparando para recibir un golpe por parte de alguien, con los hombres celosos nunca se sabia que esperar. de pronto, las risas y demás fueron calladas por el viento estremecedor que golpeaba las ventanas. Elías les ordeno no salir de la cafetería, pero eso no detendría al buscador. -Odell, será mejor irnos de aquí. No debemos poner en peligro a estas personas- el buscador abandono su asiento y se encamino hacia la salida, ya le diria a Odell lo que descubrio en otro lugar más privado. El joven escucho a Fernando, pero no estaba dispuesto a congelarse -¡de ninguna manera! es arriesgado estar afuera con este clima- expreso mientras detenía al hombre antes de que abriera la puerta.

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MensajeTema: Re: Reclutamiento de María Gómez   

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